31 ago 2010

Comida vegetariana y la estupidez en tanga

Hace un par de meses decidí ser vegetariana 99% (lo confieso, me gusta el pescado) y tengo como 15 años de no comer carne roja; pero quiero aprender algo más que preparar tortas de papa, chiles rellenos, champiñones en todas sus presentaciones; comencé una ardua búsqueda en la red, de un buen curso de cocina vegetariana; increíblemente hay muy pocos, encontré desde los súper clavados con el vegetarianismo, lleno de principios y valores a los que debes vivir apegado sin cuestionamiento, hasta los que quedaron en llamarme en cuanto se reuniera un grupo grande de personas interesadas en cocinar vegetariano.

Pero llegue a las personas indicadas: Oscar y Pavol. Por medio de Sukabumi (tierra de dicha) ofrecen talleres de cocina creativa vegetariana; y en verdad que son buenos chefs, he probado cosas deliciosas, he aprendido técnicas de cocina; como filetear o picar correctamente, uso de nuevos condimentos, la mezcla equilibrada entre lo dulce y lo salado, cantidades correctas de agua para cocción de alimentos, etc. Las clases son 100% prácticas.

Estoy tomando un segundo taller con ellos, como dije la clase es práctica, hay un chico que apoya con lavar trastos y limpiar la mesa, lo cual es de gran ayuda. Me encanta la dinámica que crearon, 10 personas cocinando juntas; aprendemos y al final compartimos la mesa y conversamos de ¿cómo llegaste al curso?, ¿qué haces?...etc.

El grupo anterior me gusto, muy cooperativo; pero el sábado que llegue, un poco tarde, entre en shock, y después se puso peor, la gente es tan extraña y a veces tan estúpida, que confunden a está pequeña rana.

Entro y lo primero que veo es una mujer de edad variada - cuerpo de 25 y cara de rayando los 50’s- todo operado por supuesto, la naturaleza no hace tanta tontería en un solo cuerpo, vestía pants y blusa deportiva sin mangas, y si me preguntan el color, no lo se, lo que recuerdo perfecto es su tanga rosa que asomaba entre su ropa. ¡¿Por qué?!¿Cualquier ocasión es buena para hacer notar que usas tanga? ¿Se vale tomar una clase cocina y presumir la tanga a las mujeres mortales y normales que no usamos tanga? ¿no hay una edad legal para dejar de usar tanga? Lo peor fue saber que tenemos el mismo nombre, junto con otra señora que vestía como clásica señora polanqueña. La edad de las mujeres del grupo – 10 en total- era variada, desde 14 años hasta 60 años, la mitad parecían mujeres de clase alta y la otra mitad, éramos de la clase que trabajamos por el puritito gusto de subsistir. He de confesar que hay días soy demasiado intolerante con la gente.

Comienza Pavol a explicar, qué cortar y cómo, la sopa era de chayote, así que “hay que pelar chayote”

Miss tanga dice: hay! lo intentaré! Alguna vez debo aprender a pelar una verdura, -sonrisa boba- ¿cómo se agarra esto?

Mrs. polanqueña dice: ¡Mi muchacha hace todo esto! Pero bueno, lo haré


¡Oseeeaaaaa! Gracias Señoras por hacernos el honor de aprender a pelar chayotes en la clase que eligieron tomar. Por cierto lo hicieron muuy mal, en su vida habían tocado un pelador. Su muchacha lo hace ¿Es suya porqué la compro? Hasta donde sé la esclavitud fue abolida y hoy es un delito.

Se sorprendían de todo, cuando alguien sabía pelar, cortar, picar, limpiar. Era como si estuvieran en una clase de supersimetría, y cuerdas, decían cosas tan exasperantes como:

¡No, cebolla yo no corto porque eso te hace llorar!
¡Y dónde se compran los cuchillos!
¿En el Palacio encuentro todo o en Cotsco?
¿Y el aceite de soya dónde lo consigo?
Güacala, ¿la comida tiene bacterias?

Y no crean que fueron las únicas joyas de la clase, otras de plano se sentaron, sólo miraban y luego preguntaban:

¿Cuántas cebollas picaron?¿Qué parte de al gusto es confusa?

¿Eso que le acaba de poner qué es? – Sentada a tres metros de la estufa está cabrón ver

Ya me perdí, ¿en que platillo vamos? – Perdida llevas más. Cuando ibas a la primaría preguntabas, ¿que sigue de la “A” maestra?

... y nada tiene carne, ¡increíble! – No wey! El nombre vegetariano es pa’hacernos pendejos todos, ahorita sacamos un filete para acompañar.


Miss tanga: ¡Estoy hablando con mi mami y está que no lo cree!, ¡yo en una clase de cocina! Está shockeada – Blackberry en mano.

Bendito, llego el momento de sentarnos a comer, y como maldición, tanga y polanqueña frente a mi, yo, flanqueada por Pavol y Oscar. Ambas cuchicheaban sobre la nacionalidad de Pavol, - ¡teniéndolo a menos de un metro!-, finalmente le preguntan:

- ¿De dónde eres?
- Eslovaquia
- ¿Y que se habla en el eslovaquia?
- Eslovaco
- Aaah! Yo creí que hablaban alemán
- No, hablamos eslovaco, fue un país ocupado por celtas. Pertenecemos a los países eslavos.

¡Hazme el chingado favor!, alemán en Eslovaquia, no soy una gran conocedora de cultura Europea, pero ¡alemán en Eslovaquia!, por Dios; yo le hubiera dicho a esté par de tontejas: hablamos de todo, religión, política, deportes, cocina, y lo hablamos en nuestro idioma natal eslovaco. Cuanta ignorancia en una mujer de tanga.

De ahí en adelante, la mitad de las mujeres -las de socialité- hicieron gala de sus caminos a la espiritualidad, reiki, yoga, constelaciones, bla, bla, bla. Miss tanga, en pose de “estoy rebuena”, el yoga es maravilloso. Todo era surrealista, mujeres con nariz operada, enjoyadas, bubi mega dura, hablando de encontrar equilibrio espiritual y salud. Si, seguro, se ve que el camino a aceptarse a si misma ha estado lleno de cirujanos y dietas.

Busque en mi bolsa desesperadamente un arma, ¡veneno! Pero no, ahora soy un ser de paz. Preferí conversar con Oscar y Pavol sobre mis dudas del taller anterior y su carrera de chefs. En cuanto termine, tome mi bolsa, amablemente sonreí y salí.

Ruego a Dios por un cacho más de tolerancia en mi próxima clase, y que la estupidez me haga lo que el viento a Juárez.

Una maldición


Hace tiempo sospecho que tengo una maldición, quizá un embrujo, un estigma familiar, quizá tropecé con un gato negro o aquella gitana hizo algo más que echarme las cartas. Quizá es biológico, no lo se, la cuestión es que tengo un impedimento para coquetear. Cada que lo intento, cada vez que estoy frente a alguien que me gusta: sonrío, pestañeo cual Clara Bella, meto la panza y saco la nalga; cuando de pronto veo abrirse el cielo, los Dioses ríen y envían algo, alguien, o ambas, para que mi recién valor femenino termine en el piso. Y ahí finalizan mis cinco gramos de feminidad.

Al principio creí que era mi imaginación, pero no, tengo hechos que lo avalan. Recuerdo la primera vez que sucedió: tenía 14 años, estaba haciendo tarea, algo me faltaba para terminar, salí a toda prisa a la papelería, porque era tarde, corrí, no desaforadamente, un trote normal. ¡De pronto... sabe Dios de dónde!, ¡apareció el niño que me gustaba! – años después me pareció horrendo- y me dice:

- No te vayas a caer
- No, claro que no – respondí

El cielo se abrió, una rama apareció y tropecé, patine de panza, se rompió mi blusa, y él se detuvo a ayudarme, pero no dejaba de reír; le agradecí y toda enrojecida seguí mi camino. Lo peor es que, esa era la primera vez que me hablaba.

La siguiente vez, iba a la preparatoria, era una escuela bastante grande y yo estaba en mi etapa rebelde y grungera: pantalón roto de mezclilla, playeras de grupos de rock, camisas a cuadros y botas de casquillo. Y había un niño de otro grupo, de esos holgazanes, que jamás entraban a clase, matudo, tatuado, onda Axel Rose, extrañamente le gustaba jugar básquet y la cancha quedaba justo a lado del edificio donde tomaba la mayoría de mis clases, entre clases acostumbrábamos sentarnos en una enorme jardinera, frente a las canchas y desde ahí babea por mi Axl región 4. Se aproximaba mi cumpleaños, y holgazaneaba en la ya conocida jardinera con mis amigos, estaba parada dentro de la jardinera y reía escandalosamente, como suelo hacerlo, él me miraba y me hacía señas de que me callara, ¡Oh por Dios! Que bien se veía con su camisa amarrada en la cintura, flaquitito, como me encantan; me sonreía y yo a él; como dije mi cumple se aproximaba y una amiga me dice:

- wey, ten tu regalo de cumpleaños – y me entrega un sobre pequeño
- qué es?

Lo abrí, eran dos boletos para el último concierto de Caifanes en el Palacio de los Deportes.

- AAAAHH!! – grite enloquecida, trate de salir de la jardinera para abrazarla y
agradecerle


Y justo ahí se abrió el cielo, otra vez, se atoro mi pie en la orilla de la jardinera y mi cuerpo ya estaba prácticamente afuera, caí de panza, toda la escuela escucho el golpe, jamás solté mis boletos, así que ni como evitar el panzazo, mi Axl dejo su interesantísimo juego para ir a levantarme: “estás bien”, mi amigo Luis me levantó y yo muerta de la pena, por supuesto Axl y sus amigos morían de risa, todos morían de risa, así que también me reí.

La siguiente vez estaba por terminar la prepa, Luis, mi mejor amigo, insistía en que debía tener novio: dime quién te gusta y te lo presento, verás como anda contigo; Axl por supuesto ya estaba descartado; recorrí con la vista los pasillos y lo encontré, había sido compañero mío en algún semestre, nunca le hablé, -ese greñudo me gusta-, Luis lo conocía y hasta su número de teléfono me dio. Mis amig@s se organizaron para presentármelo, le hablaban de mi, hacían lo imposible por juntarnos y dejarnos solos, así pasamos semanas; un día me arme de todo valor, entre sonrisas bobas le dije: Me gustas mucho y me gustas pa’l dueño oficial de mis tareas... y justo ahí se abrió el cielo de nuevo. Una paloma en pleno vuelo me lanzó su misil, ¡si!, se cago justo en mi cabello y él se cago de risa. Y no crean que ahí para todo, ¡no! Otra ocasión caminábamos juntos y un pinche tubo mal puesto y que por supuesto no vi, me hizo tropezar y caer, esta vez metí las manos y fue menos escandaloso, pero él se reía mucho y yo me dije: ¿Pos’que chingaos!, ¿estoy wey? ¿ciega? ¿atontejada? Bueno la historia no termina tan mal, él finalmente fue mi novio, tal como lo prometió Luis.

Siendo mayor, fui a festejar el cumpleaños de una amiga, en un antrillo, un grupo tocando buena música, todas bailando, y en la mesa de junto, un wey de no mal ver, nos observaba constantemente y mi amiga me dijo - wey te está viendo, hablale!- A lo que dije -¡NO!, sí te contará lo que me pasa cada vez que intento ligar-; mi amiga muy solidaria le hablo, me lo presentó junto al amigo que lo acompañaba, me quede con ellos en su mesa, uno se llamaba como mi penúltimo novio y el elegido como mi ultimo novio, (ja! qué cagado!); pasado un rato me invita a bailar, los dioses fueron benevolentes, al levantarme tropecé con una silla, pero mi elegido oportunamente me detuvo, caí en sus brazos y ahí me quede toda la velada.

La última vez; salí con un amigo que me gusta, por supuesto él no lo sabe, fuimos a una fiesta, todo bien, mi intención no era para nada ligármelo, pero he de aceptar que me pone nerviosa; estaba conversando con otros amigos y me dije, regreso con él, para no dejarlo solito y justo cuando di media vuelta, resbale, con gracia afortunadamente, él todo caballeroso, como siempre, me ayudo a levantarme; no me dio tanta pena, no se si porque lo conozco bien o porque ya me acostumbre.

No se sí: resignarme, hacerme una limpia karmika, ¿está maldición desaparecerá con un beso de verdadero amor? Llorar sola por los rincones, ir a clases de coqueteo sin caerse – ¿existirán? - o caerse primero y luego coquetear, coquetear y agarrarse bien de lo que sea, moverse y coquetear al mismo tiempo es peligroso, o yo no nací para coquetear.

22 jul 2010

Firebelly

A veces nuestras vidas dan un vuelco por algo tan intrascendente y modesto como una rana...

Mala Mujer

Eso he sido, una mala mujer, no del tipo Femme Fatale, muy por el contrario, soy un mal ejemplo de femineidad, desde muy pequeña pensé que habitaba el cuerpo equivocado, que me habían jugado una broma pesada haciéndome mujer, no era lo que había pedido, en mi solicitud antes de llegar a esta vida, en el espacio de genero estaba segura había tachado con una cruz MASCULINO, pero alguien se equivoco en la captura y no había cambios, ni devoluciones, ni reseteos, llegue al mundo siendo niña.

Toda mi vida peleé y pataleé, quería ser niño!, como ya he dicho, más por una cuestión social que sexual; así que me juntaba con niños, me comportaba, vestía, hablaba, como niño, jamás me preocupe por mi apariencia, comportamiento o buenos modales, entrar en el mundo femenino no estaba en mis planes, menos tener amigas, reunirme con ellas para hacer sabrá Dios que cosa. Los hombres eran divertidos, buen sentido del sarcasmo, al menos los que conocía; siempre estaba rodeada de hombres, amigos, confidentes, hermanos, guardianes, compañeros de pedas y viajes al infinito y más allá; nunca me faltaron galanes, pero no fui la más noviera, siempre me identificaba con ellos, como pertenecer a una camada, a un clan, ser del club de Toby.

Pero la hora estaba marcada, en algún momento debía aceptarme como mujer, encontrar ese equilibrio entre lo que me hacía sentir bien de socializar con hombres y saber que no soy uno de ellos, encontrar esa esencia femenina que había escondido y negado la mayor parte de mi vida.

Pasados los 30 no sabía que hacer con el uniforme de piel femenina, ya no era una jovencita que escandalizaba a las madres de mis amigos al verme rodeada de ellos, asistiendo a fiestas, conciertos masivos, bailando slam, vestida con botas de casquillo y camisas a cuadros; ya no era esa chica jugando billar, fumando cigarrillo tras cigarrillo y bebiendo cerveza.

Pasados los 30 mi vida comenzó a girar de manera intempestiva e irracionalmente, no entendía cuales eran las reglas del juego, pero sabía que debía buscar ese equilibrio, entonces emprendí la misión más difícil de mi vida, aprender a ser mujer, ponerme al día con mi genero y reconciliarme tras años de imprecaciones.

Ser mujer es sumamente complicado, ahora tengo la firme creencia que durante la adolescencia o en algún punto de la vida van a una escuela como Hogwarts, donde les enseñan todas esas cosas que a mi me salen re’mal: maquillarse, peinarse, caminar con tacones, meter cientos de cosas en un bolso de 30 x 10 cm., combinar su ropa, elegir accesorios, conocer fragancias y perfumes, rituales de limpieza, depilación del área del bikini, usar tanga sin temor a rozaduras, bailar salsa, cumbia, merengue y pop mientras coquetean y se adjudican galanes.

No se que tan bien voy, pero he aquí mi reporte de aventuras e intentos por ser una mujer hecha y derecha:


Peinarme:

Nunca me ha gustado peinarme, antes mi cabello era increíblemente lacio, ahora ya no tanto, compre mas de dos accesorios que no tengo idea de cómo usar, secadora, plancha y rizador, con sus respectivos cepillos, los uso ocasionalmente porque siempre termino con dolor de cabeza de tanto jaloneo e intentos fallidos por conseguir un lindo peinado. Así que lo más rápido es usar un pasador y listo dos minutos frente al espejo y salgo de ese apuro.


Ropa:

La ropa es complicada, antes mis reglas de combinación eran dos: UNO, mezclilla y el negro combina con todo; DOS, las camisas a cuadros y playeras de grupos favoritos no necesitan combinarse. Ahora uso pantalón de vestir, por regla de etiqueta en la oficina, y debo encontrar la blusa que combine, así que he comprado cientos de blusas con cientos de pantalones que creo no combinan mucho unos con otros, pero me encantan las camisas y esas creo ya aprendí a combinarlas mejor, para ser honesta veo un poco las combinaciones masculinas de trajes con camisa y en ello me baso para combinar mi ropa.

Donde definitivamente paso, son con los vestidos y más aun los escotados, los escotes me incomodan, me siento expuesta y vulnerable, y me caga que algún wey pendejo me mire las bubis; y los hombres en general ven bubis y se ponen muuy pendejos, las faldas o vestidos cortos me incomodan, años de inactividad física me han dejado unas piernas demasiado delgadas, así que igual paso.

Zapatos:

No lo niego los zapatos de tacón son lindos, estilizan la figura femenina y algunos son elegantes, de hecho confieso que me enamore de unos zapatos con tacón del 8, si, aprendí que los tacones también tienen talla, el caso es que los compre hace como tres años y siguen guardados en su caja, no aprendo a caminar con ellos, los tacones son lindos y tortuosos. Así que uso zapatos que parecen más de niño, de piso y de punta cuadrada.

Maquillaje:

Parezco el Varón Ashler, pierdo el eje de simetría, la ceja nunca me queda igual de ambos lados; el delineador se corre, mis parpados sudan demasiado así que descarte las sombras, que dicho sea de paso nunca aprendí a usar, los labios tampoco quedan igual parecen corazón mal hecho. Mi solución es sólo maquillar mis pestañas y usar brillo labial, a veces un poco de maquillaje en polvo. Admiro a las mujeres en el transporte público, delineándose perfecto y sacando de una pequeña bolsa todo lo necesario para verse bien, me recuerdan el maletín de Sport Billy, a veces no se ni como se llama lo que usan, algunas quedan perfectas, otras parecen payaso maléfico proveniente del más allá.

A tropezones y otras tantas a tientas, intento integrarme a la dinámica femenina, a vestir el uniforme de mujer, aunque hay días creo, no lo merezco; ser mujer es sumamente complejo; increíblemente ahora han llegado a mi vida muchas amigas, de las cuales aprendo y me sorprendo, una parte de mi se reconoce en cada una de ellas, me identifico y las admiro profundamente: Archi Maricruz, Lorenza, Jannetita 32, Yayis cachichurris, Vianney, oiga usté Itzel, Elphaba Astrid, Karen Miguel, Diana con chinchina, San Lemus. Saben lo que las quiero; gracias por llegar a mi vida y hacerme entender que soy un ser privilegiado, por el café compartido, las sustancias ilegales, las bebidas alegres, los viajes, las comidas y abrirme las puertas de sus respectivos hogares.

7 jul 2010

Casi perfecto


Cuando era niña me inventaba historias, me imaginaba en lugares y situaciones que sólo podían existir en mi mente, cuando era niña la vida no fue fácil, soñar era mejor que estar despierta. Me hice de esa rara costumbre, de contarme historias fantásticas donde era la heroína; siendo mayor imaginaba mi vida perfecta, trabajo perfecto, casa perfecta, y esas cosas que uno cree imposibles; en una de tantas elucubraciones diseñe a mi hombre perfecto, ese casi príncipe azul que me haría feliz por siempre. Y así lo imagine:

Me gustan los hombres más altos que yo, eso era esencial, me gustan de cabello quebrado o chino, me gustan que sus ojos transmitan algo y que su voz me provoque llamarle por horas. Físicamente no lo tenía muy claro en mi mente, pero las cosas que quería compartir si:


Quiero un hombre que me cause admiración
Quiero un hombre con quien pueda
sentarme a tomar café
Quiero un hombre con quien escuchar música
Quiero un
hombre con quien conversar de lo que sea.
Quiero un hombre que me haga
reír.
Quiero un hombre que me explique cosas de la vida que no
entiendo.
Quiero un hombre que le duela verme llorar y me abrace fuerte sin
preguntar más.
Quiero un hombre que sea feliz de despertar conmigo.
Quiero
un hombre que lea el periódico
Quiero un hombre con quien viajar
Quiero un
hombre que me trate suavemente.



No quería un príncipe, y sigo sin quererlo, pero era un sueño de mozuela; hasta que lo encontré, sí, lo encontré y no podía creerlo, mi hombre perfecto, era de carne y hueso, respiraba, habitábamos el mismo planeta y al mismo tiempo. Conversábamos mucho, creo que nuestra primera conexión fue la música, le sorprendían mis gustos, nada de pop insulso y sin sentido; a mi me encanto el café que preparaba, a veces me invitaba a caminar mientras lo tomábamos y eran momentos maravillosos, me contaba de su vida y yo de la mía; crecimos en caras opuestas del mundo y eso no impedía ser tan parecidos, a veces le llamaba contándole mis penas y siempre sabía que decir, siempre le daba calma a mis pensamientos y otras tantas me decía “no mames” y reíamos mucho. Me prestaba su periódico, a veces llamaba y me decía ven a verme para platicar. Era perfecto, excepto por la mujer con quien se caso años atrás, me enamoré perdidamente de él y nunca se lo dije, ni a él ni a nadie, estaba lejos de mis posibilidades, mi hombre perfecto no era para mi, y por supuesto que tampoco se iba a enamorar de alguien como yo, pero me reconfortaba saber que éramos amigos y quizás algún día cuando me casara, tuviera una familia y ambos fuéramos viejos le confesaría ese amor platónico que despertó en mi.

La vida nos separo y la distancia física entre ambos era bastante, verle ya no era tan sencillo aunado a sus múltiples ocupaciones laborales y familiares; mantuvimos contacto por correo electrónico, nos escribíamos por lo menos una vez a la semana, me encantaba leerlo por la mañana; un día recibí el mejor correo de mi vida, hasta hoy lo considero un tesoro, un correo donde me narraba un sueño donde ambos éramos protagonistas de una bella historia de amor, una historia inconcebible hasta ese día, un correo donde me confiesa estar enamorado de mi; quede muda, quede congelada, pensé que estaba soñando, no supe que responder, creí entender mal, lo leí más de diez veces.

Ante mi silencio llamó y me confesó estar enamorado de mi, y le confesé que de igual manera lo estaba de él, que durante todos los años que compartimos me di cuenta que entraba en el molde de hombre perfecto que imagine años atrás, que tenía todo lo que buscaba y quería, que era más de lo que imaginaba. Por primera vez en mi vida camine en una nube, mis suspiros eran tan profundos que quería hacerlo aparecer en ese instante, abrazarle y tenerlo para mi, para siempre, aunque para siempre fueran un par de segundos.

Así desatamos una tormenta de correos llenos de fuertes declaraciones amorosas, de las veces en que morimos por besarnos, de sus ganas y mis dudas, de ensayos sobre lo correcto y lo incorrecto, llenos del miedo a enamorarme perdidamente de alguien que no sería para mi, de robarme algo que no me pertenecía y él hablaba del silencio que guardamos años atrás, que si el mundo nos había juntado debíamos aprovecharlo, no pensar, sólo sentir y dejarnos llevar, el mañana no tenía nada que ver con nuestro momento.

Planeamos nuestro encuentro tiempo después, finalmente nos reencontramos y nos reconocimos, tuvimos largos y lentos besos apasionados, minutos que se hicieron eternidad en mi memoria, sus brazos rodeando mi cintura, sus manos en mi espalda, mis manos en su cuello, mi cuerpo en el suyo, su cuerpo en el mío.

Y como dice la canción “no supiste dar el salto de tu miedo hasta mi abrazo”. No me atreví a llegar más allá de ese encuentro, no me atreví a verle más, no me atreví a robarlo, lo deje ir, me fui, me gano la cobardía y sólo quedo el silencio entre nosotros. Lo extrañe como si hubiésemos estado juntos siempre...

El mundo ya dio la vuelta y aún tengo días de nostalgia, días en que escucho esa canción “Eres casi el hombre perfecto” me siento frente a la computadora a leer esos correos, ese romance de largos párrafos, esas frases que me arrancan suspiros; que me hacen jugar al “hubiera”, esas frases que me montan nuevamente en mi nube de sueños. Quizá en otra vida, en otra circunstancia, en otro instante, la vida nos haga reales, de carne y hueso uno frente al otro, desaparecerá el abismo de dudas y miedos; en otra vida, en otro instante se materializará y al abrir los ojos me encontraré con mi hombre casi perfecto.

11 jun 2010

Cerati en mi vida


Cuando era adolescente no había cosa que quisiera más que socializar, mi familia se caracteriza por ser algo huraña y yo soy autista prácticamente, trate de tener amigas, así que salía a jugar con las niñas de la cuadra, pero el tema principal de las conversaciones eran dos cosas: niños y su club de fans de Menudo y Luis Miguel, BLAGH!!!

¿Por qué ser fan de weyes que parecen niñas? Que cantan cosas tontas y además los niños no bailan, por lo menos ningún hombre en mi familia lo hacia, ni lo ha hecho hasta hoy; además no estaba dispuesta a gastar mis domingos en cartulinas y crayolas para escribir mensajes a esa bola de niñas descordinadas. Así que mi plan de ser sociable se vino abajo, y jamás le encontré sentido a ser fan de alguien, me parecía una actitud de rayar en la locura, en la falta de criterio y personalidad, adorar a alguien que a final de cuentas come y caga, frase inculcada por mi madre, como todos los demás. Así que me dije si algún día me convierto en fan por favor dispárenme directo a la cabeza.

En aquellos días de búsqueda de personalidad y una tribu donde encajar, llego a mi Soda Stereo, recuerdo perfecto ese día, acostada en la cama, en medio de la oscuridad escuchando la radio y de pronto suena “En la ciudad de la furia” era la canción más impactante que había escuchado, fuera de toda la basura del pop en español, de Yuri, Menudo, Emmanuel, Timbiriche, Luis Miguel y todas esas canciones que no me dejaban algo, Soda Stereo declaraba “me dejarás dormir al amanecer entre tus piernas” yo no tenía ni puta idea de lo que era dormir entre las piernas de alguien o que durmiera alguien entre las mías, pero justo ahí quede prendada de esa voz, de esa melodía, de esa letra, de ese grupo:

“Me veras volar por la ciudad de la furia, donde nadie sabe de mi y yo soy
parte de todos”

Supe lo que es ser fan, compraba la revista notitas musicales, si lo confieso gaste mis domingos en comprar notitas musicales, para leer sobre ellos; mi economía no daba para mucho, así que compre un cassette virgen y pasaba hoooras pegada a la radio para grabar cada canción de ellos y poder reproducirlas las veces que fueran. Tampoco tenía para ir a sus presentaciones, pero eso no me hacia menos fan; aunque me causa un conflicto interno eso de unirte a un grupo que pasa su tiempo adorando e idolatrando a alguien, o seguirlos literalmente a cada paso, o leer sobre si se casaron, emborracharon, drogaron, pelearon, cogieron, etc. No, eso no es para mi.

Crecí y seguí siendo fan, Soda Stereo se desintegro y fui a su último concierto, tengo la taza conmemorativa que lo testifica, pero Cerati siguió cantando, y fui más fan, Amor Amarillo, Bocanada, Siempre es Hoy, aquí debo detenerme, y contarlo; en ese entonces tenía un novio que me consentía a más no poder, me llevaba a cuanto concierto quería, claro el pagaba, mi economía y autoconfianza en ser autosuficiente estaba muy escondida, pero creo la vida nos pone a prueba, así que él dejo de amarme y se fue, y yo seguí mi camino; Cerati llego al D.F. con su nuevo CD y gira Siempre es hoy, fui a MixUp, compre el disco con mi dinero, ganado con el sudor de mis ojos, sentada en la oficina; compre el boleto para ir al concierto en el Auditorio Nacional, no sólo estaba viendo a mi ídolo, estaba declarando mi autosuficiencia, mi independencia económica, espiritual. Grite hasta quedar afónica, cante y cante, él compuso la melodía de fondo a mi nueva vida, a esa mujer que estaba en proceso de maduración, tratando de salir de su autismo.
Por aquello que encontré en tus ojos
por aquello que perdí en la lucha
conocer la otra mitad es poco
comprender que sólo estar es mas puro
Me pondré el uniforme de piel humana
no esperaba tanto resplandor.
Llego mi etapa más oscura, una depresión que me tenía sujetada por la garganta y en vilo, no vivía, no soñaba, no dormía, no comía, salí corriendo de mi ciudad, no quería que mis amigos, mi familia, mi gente me vieran tan mal, la vida me sabia a nada, y si decidía ponerle fin a mi existencia no quería que nadie que me quisiera me encontrara así. Extrañamente el hombre que nunca me quiso, así declarado por él mismo, me fue a dejar a mi nueva ciudad de residencia antes de partir y dejarme inmersa en esa habitación con toda mi tristeza, me regalo el CD de Cerati “Canciones elegidas 93 –04” el cual consta de un DVD. Había días que no podía dejar de llorar, no comía, sólo fumaba y lloraba; sin trabajo, sin amigos, sin alegría, sin alma; para regresar un poco a la realidad, veía los videos de Cerati, en un DVD que amablemente me regalo mi amigo Jorge, que aun tengo y funciona, paraba de llorar y cantaba:

Nunca fue fácil,
pero creo en tus ojos
es tan frágil depender de todo
como explicarte desde el encierro
cuanto miedo da salir a ese mar de dudas
ya no hay más que hacer
sos tu propia ayuda
ahora anda y viví
yo siempre ame tu locura

Así que las cosas comenzaron a cambiar, conseguí trabajo, una casa y mi entrañable amiga Lorena, la ciudad me amo, me fortaleció, no sólo madure, me hice más vieja y más sabia.

En viaje hacia la redención, la luz no deja de pulsar
creo en el amor porque nunca estoy satisfecho
es mi salvaje corazón, que llega justo a tiempo
llega justo a tiempo.

Allí donde quisiste estar, tan cerca de desesperar
es que la vida es gas y es tan dulce traspasarla,
tu aliento es mi respiración
Con mi salvaje corazón, los vicios no son del cuerpo
y llega justo a tiempo


Nuevamente saca disco, Ahí vamos, presenta su gira y por supuesto que fui, aunque mi presupuesto era corto, pero no podía dejar de verlo y escucharlo, siempre tiene algo que decirme, a veces creo que hasta aconsejarme:

Si aprendemos la lección
sabrás que al fin
el misterio es contradicción
con todo aquello que conocés
a veces hago todo al revés
el tsunami llegó hasta aquí
lo vi venir

Todo se movió y
es mejor quedarse quieto
pronto saldrá el sol
y algún daño repondremos
terco como soy
me quedo aquí
La tinta no seco y en
palabras dije muchas cosas
pero en mi corazón todavía queda
tanto por decir
no me voy...
me quedó aquí
Y si no, no aprendimos la lección
Ahora tengo otra perspectiva de la vida, de mi, de quien soy, regrese a mi hogar, con mi familia, con mis amigos, los de toda la vida y nuevos, me he ganado mi respeto, tengo nuevos proyectos y la vida no se me fue, tengo una nueva Fuerza Natural:

Electrizado le escape
A la sobre carga del ayer
Miles de voltios de atracción
Debo ser un buen conductor
uh babe, no soportaba la presión
Fundí mis naves justo antes de la explosión

De que desastre me salve
En buena hora me solté
Y en un segundo me encontré
Uh babe, en tu orbita
Extasiándome…

Fue otro vació que llene
Metros medidos con mi pie
Polos opuestos de atracción
Siempre buscando conexión
Uh babe, el espejismo de una sed
Yo nunca aprendo, de
las mareas soy rehén
Si ya se, son odiosas las niñas que todas las canciones les recuerdan algo; a mi además me da mensajes, estoy consciente que él no escribe para mi, pero a veces lo parece; he analizado mi admiración por este hombre, el grado de fanses mal pedo que tengo, ¿qué si me gusta? Claro es atractivo, pero analizándome a fondo, creo que es mi álter ego, siempre quise ser hombre, más por una cuestión social que sexual, ¿qué clase de hombre me hubiera gustado ser? Sin pensarlo me hubiera gustado ser Cerati, si Dios me diera a elegir una vida que no es la mía, elegiría ser él, aunque el uniforme de piel femenina cada día me queda más y me gusta.

Nunca he leído sobre si esta casado o no, o cuantas veces lo ha hecho, si tiene hijos, quien es su novia en turno, tampoco voy a comprar algo de la línea de ropa que lanzó, no, a mi me gusta comprar sus discos, ir a sus conciertos, verlo en el escenario, se que ha de ser un wey muuy mamón, pero trabajo le ha costado. Si lo viera lo abrazaría pero tampoco estoy dispuesta a ir al hotel donde se hospede para verlo o hablarle, eso tampoco es para mi.

Hoy mi ídolo es más humano que nunca, mantiene una pelea por su vida y mi corazón se acongoja de saberlo mal, de que ese hombre con el que quizá nunca cruce una palabra, no sea más él mismo, el que he visto tantas veces, espero un milagro por verlo otra y otra vez haciendo lo que más le gusta, componer y cantar.

Puedo hacer el soundtrack de mi vida con sus canciones, cuando el amor fue ingrato y no, cuando perdí la esperanza en mi humanidad, cuando debí perdonarme, cuando salió el sol y seguí soñando. ¿Soy fan mal pedo y enfermo?, miro al cielo y pienso, se que no es mi decisión pero... no seas gashoo echale una mano, y traelo de regreso, con sus fanses, con su gente, con nuestra música, ¿necesito terapia de fanses mal pedo? ¿hay grupos de ayuda para fanses mal pedo?

Hoy te busque en la rima que duerme
Con todas las palabras
Si algo calle es porque entendí todo
Menos la distancia
Desordene átomos tuyos para hacerte aparecer
Un día más

Algo sobre mi madre

Mi madre es una mujer peculiar, puedo decir tanto sobre ella, y de las mil capas que le descubro con el paso del tiempo; empezaré por decir que fue una madre joven, inicio a los 16 años y hoy a sus 53 es la joven abuela de una adolescente de 13 años; huérfana circunstancial de madre, por lo tanto puedo decir que no tengo abuela y ni quiero tenerla, pero esa es otra historia, apenas termino la primaria, así que sus posibilidades eran pocas o más difíciles. Siendo una mujer recién arrejuntada descubrió que su peor pesadilla era cocinar, así que lo evitaba a toda costa, hasta que un buen día tuvo que trabajar para darle de comer a sus cuatro chilpayates y despertó siendo ayudante de cocina, lo cual la hizo llorar más de una vez, pero estoicamente soporto quemadas, cortadas, y entripados para aprender a cocinar y llevarle de comer a los chilpayates.

Veía muy poco a mi madre, ser obrero no es fácil, rolar turnos, trabajar fines de semana y días festivos, levantarte con el amanecer y en otras ocasiones llegar con el último camión a casa nos dificultaban la convivencia o la relación madre – hija o hijos. Cuando coincidíamos en casa una de las dos estaba durmiendo. Aunque la veía poco los días más temidos de mi infancia, adolescencia y juventud eran los de vacaciones y descansos de mi madre, comenzaba a ordenar y limpiar la casa en que habitaba con sus cuatro vástagos y marido, que era como el quinto hijo, se despertaba muy temprano y parecía un torbellino por esa pequeña casa, y lo peor era que comenzaba a gritar ordenes como un sargento, claro como toda buena madre, regañaba con efecto dominó, comenzaba con uno por desordenado y seguía con los otros tres, hasta mis perros huían despavoridos a esconderse antes de que los regañara por tener pulgas o no limpiarse las patas. La peculiaridad de sus regaños radicaba en las frases que empleaba para ponernos a cada uno en nuestro lugar, dejaba bien claro que la matriarca era ella y su sabiduría incuestionable:


Has de ser mi comadre pa’no gritarte: Frase utilizada cuando refutaba sus gritos o regaños.

¡Ven acá hija del conde!: Odiaba lavar trastes, más cuando eran ollas y sartenes, así que los acomodaba lejos del fregadero y fingía demencia, no los vi, no los lave; por supuesto que ella lo sabía, así que me gritaba “ven acá hija del conde, la mitad lavas y la mitad escondes”

¡Sigue como la madre Amada!: Por supuesto fingir demencia es lo que mejor hacia, si pedía mi ayuda, en ese instante tenía tarea que hacer, abría un cuaderno y ponía en practica mi arte garabatesco, o simplemente salía al patio a jugar con mi perro, lo que fuera con tal de no ayudarle con los deberes o aplazarlo lo más posible, Tú!! sigue haciéndote como la madre Amada: pendeja y disimulada.

Sigue contestándome y te voy a voltear el traga’maíz pa’l cielo: No hay mucho que explicar de cuando aplicaba la frase.

Te estas acercando al callejón de los chingadazos: Casi siempre precedía a la frase anterior.

Muévete que te empiojas!!!: Por supuesto tirarse en el sillón o la cama estaba prohibido en horas de limpieza.

Ah!!! Pedazo de bistec!!: Aplicaba si mi labor encomendada era mal realizada, sutilmente me estaba diciendo que era un pedazo de wey; al menos no era un caso perdido y no era una completa wey.

Hazme el Fabrón Cavor!!!: Expresión que se explica por si sola, Hazme el Cabrón Favor!

Te lo voy a poner de lavativa: Siempre he sido muy quisquillosa para la comida, pasaba horas sentada contemplando el plato, esperando se compadeciera de mi y me dejara ir sin terminar, así que me gritaba si no te comes eso te lo voy a poner de lavativa!!! Ouchhh!!

Todo quieres, el remedio, el trapito y úntemelo usté tantito: Promovía nuestra independencia, iniciativa y autonomía, no estaba dispuesta a hacerlo todo.

Ya sabes!! estoy pa’ serbilis: Es decir no estaba para servirnos, sólo para hacer bilis.

Sigue montada en tu macho: Era momento de reconsiderar mi posición ante algún tema, o seguro, sin darme cuenta, entraría al callejón.

No todo eran regaños, también se preocupaba por orientarnos, aconsejarnos y prepararnos para enfrentar esta canija vida:

Mi’ja naciste pa’rica y en el camino te estrellaste: explicación del porque nací con piel delicada, que no pueda darme ni el sol.

No importa que de las puntas sobre, con que lo de en medio embone: No acomplejarme ante la estatura de algún pretendiente, mi estatura de 1.50 m. no impediría nuestro encuentro.

Cuerpo dormido, culo perdido: Evitar en lo posible quedarnos a dormir en lugares desconocidos y poco confiables.

Mientras sea agujero no importa que sea de caballero: Sabio consejo a mis hermanos, no vaya siendo que pierdan de esa manera.

Se me hace muy ojona pa’paloma: observación detallada de alguna adolescente güila que pretendía una relación amorosa con alguno de mis hermanos. O simplemente no es lo que aparenta.

Ninguna madre es tonta y los hijos constantemente ponemos a prueba sus habilidades y sabiduría; recuerdo el día en que comencé a fumar y ella percibió el olor a tabaco en mi, así que cuando me pregunto directamente le dije: “por supuesto que no fumo” le conté el hecho a mi amiga y cómplice de vicio, mi madre ya se había dado cuenta, así que en la siguiente visita de mi amiga a mi hogar y en un acto heroico, de hermandad, le dijo a mi madre, “Señora, su hija no fuma, la que fuma soy yo, por eso huele a cigarro” mi madre benevolente nos miro a ambas, sonriendo le respondió, “bien, sólo te voy a pedir un favor, cuando fumes no beses en la boca a mi hija, la dejas apestando a cigarro”

21 may 2010

Usted es el culpable

Hace tiempo que lo traigo en mente, desde aquella reunión en la que nos encontramos y me pareció usted particularmente atractivo, aunque he de confesarle que siempre me lo ha parecido, mientras conversábamos me cruzo el deseo de besarlo, así, sin más; la razón me jalo el hombro haciéndome reaccionar, disipando aquella idea.

El deseo de besarlo comenzó a cruzarse más seguido en los pasillos de mi pensamiento, mientras tomaba café los viernes por la tarde, mientras leía, mientras escribo, mientras camino a casa, mientras hago el recuento de mi día en cama. Al principio era, creo yo, una inocente curiosidad: ¿A que sabrán sus besos? ¿Cómo se sentirán sus labios sobre los míos? ¿Le gustaría sentir los míos? Pondría mi mano sobre su nunca mientras le beso y después...

Mis pensamientos comenzaron a oscilar entre la curiosidad y la fantasía; fantasías de tenerle, de abrazarle, de amarle; de la fantasía ha seguido a mis sueños, donde todo es tan vívido, donde encuentro en usted el equilibrio entre el romance y la pasión, donde me hace despertar al borde del éxtasis. Trato de razonar conmigo misma pero usted sigue necio colándose en mis noches, en mi cama, donde parece conocer cada una de mis utopías, donde somos uno.

Mi mal hacia usted va empeorando, me di cuenta el día que llamo para preguntar una nimiedad y sentí ese mariposeo quinceañero en mi estomago. ¿A caso soy victima de un extraño sortilegio? Así que en nombre de la amistad, de varios años ya, que tenemos, le pido, le suplico, y en caso extremo, le exijo salga de mis sueños.

19 may 2010

Carta a un amigo

Sabes me quede pensando un rato en lo que me contabas, de las cosas que ignorabas cuando niño, de no saber nadar y no haber visto el mar, etc.

Creo que en eso coincidimos en la ignorancia, más que ignorancia creo son ausencias, ausencias de saber, conocer y hasta tener, me doy cuenta que lo que no sabía o lo que no tenía, en realidad no lo necesitaba, claro me hubiera gustado que las cosas fueran diferentes, que el futuro fuese un poco más claro y el presente un tanto más conciente.

Pero en algunas cosas creo haber tomado las decisiones correctas, por ejemplo, un día siendo muy pequeña, tal vez 5 o 6 años una compañera de la escuela me dijo que su papá le leía cuentos para dormir, el mío a penas me miraba, le dije a mi madre si me compraba un libro de cuentos a lo que me dijo, “primero hay que comer para esas tonterías no hay dinero” entonces decidí que si nadie me contaba cuentos yo los inventaría, así sobreviví a mi infancia contándome cuentos cada noche; un tío tenía en su casa muchos cuento de Mafalda y la Familia Burrón, leí todos lo que puede, mi primer libro fue “Cien años de soledad”, mi único regalo de 15 años, era una edición vieja y tiene una dedicatoria de un desconocido, lo conservo con mucho cariño.

En mi adolescencia mi escapatoria y refugio fue la escuela, ahí te conocí y un par de amigos que al día de hoy conservo, aunque estén lejos.

No sabía muchas cosas, tampoco conocí el mar hasta los 18 años, nunca salí en un bailable en la escuela, nunca salí de excursión, nunca supe que tener una carrera universitaria podría salvarme la vida, nunca tuve un lindo vestido, ni los juguetes que quería, sólo una vez en mi infancia me compraron un pastel de cumpleaños, raras veces fuimos al cine, nunca había visitas en la casa de amigos o familia, mi madre nunca durmió a mi lado abrazándome, un día me quede sin zapatos para ir a la escuela y no fui, sólo había una bicicleta en casa y era para todos, el suéter de mi uniforme era de niño, el de mi hermano que dejo de quedarle un día; nunca me peinaban para ir a la escuela, yo planchaba y lavaba mi uniforme, lo queme varias veces, nunca desayune antes de la escuela, empecé a cocinar a los 10 años, nunca nadie me enseño a maquillarme; nunca salí de viaje con mi familia, nunca alguien me dijo “te quiero”, un tiempo no tuvimos tele y me hice adicta a la radio.

Pero todo lo que no tuve no le quitaron significado a quién soy, todo lo que no tuve me ayudo sin darme cuenta a ser quién soy, me permitieron como a pocos niños tener mascotas y de las más variadas, tuve una víbora que mi hermano encontró en el mercado de Jamaica, muchos perros, grandes compañeros de viaje, mi perro snoopy me acompañaba a la parada del camión cuando iba a la secundaría, después de que murió lo vi una vez en casa y hasta lo salude, había olvidado su muerte así que no me asuste, aprendía sobre la muerte con ellos, tuve conejos, una gallina y hasta un ratón que me negué a sacrificar en el laboratorio de la escuela, me salí con él y lo adopte. Cuando entre a la universidad supe que había leído más que el promedio. No tener tele me llevo a conocer a la Tremenda Corte, Kaliman, los cuernos de la luna y muchas radio novelas, nunca mi madre me abrazo para dormir o decirme te quiero, pero mi día favorito fue cuando salimos a pasear en la única bicicleta que teníamos sólo ella y yo, ese día supe que me quería. Mis juguetes favoritos fueron mis patines y una casa de madera que podía armar como más me gustara; tal vez, nunca fui la niña más bonita ni la mejor peinada o vestida de la escuela, pero coleccione todos los libros que pude, nadie me contó cuentos pero tenía un LP de los Aristogatos que escuche miles de veces, nunca vi la película, pero la imaginaba y Tintan era la mejor voz, no íbamos al cine pero eso ayudo que sea mi afición, nunca viaje pero el cine me llevo a los lugares que no imagine que existieran y que un día visitaré como el circulo polar; he ido a varios conciertos, y bailar es un festín para mi alma; de muchas amigas contemporáneas y hasta más pequeñas soy de las pocas que saben cocinar. Hoy cada vez que hablo con mi madre o mi hermano Memo, Cemelli y grandes amigos siempre me despido con un abrazo y un te quiero tal vez mañana no este para decirlo y quiero que lo tengan presente siempre. Sigo sin desayunar antes de salir de casa, pero me cuido mucho, me alimento bien porque mi cuerpo es mi casa, y le doy gracias a Dios ser una mujer sana y completa.

Tengo pendiente aprender a nadar, viajar más, leer más, aprender dos o tres idiomas por lo menos, tener un hijo y un marido que me apoye y que rían mucho conmigo. La vida no me dio muchas cosas pero me ha dejado grandes lecciones y eso no cualquiera lo tiene y lo entiende; ha cruzado mi camino y mi vida con grandes personas como tú y eso poca gente puede decirlo, la maldad del mundo no ha tocado mi alma y eso poquísima gente puede decirlo.

Ahora sonrío ante las cosas que no tuve, miro al cielo y le doy las gracias, por que aprendí que algunas puedo tenerlas, otras no las necesite y por lo tanto no son indispensables, cuando tenga un hijo tendré la oportunidad de enseñarle muchas cosas y emprender esos viajes, jugar esos juegos, y enseñarle el justo valor de lo material.
No te sientas mal flacucho de todo lo que no sabías y lo que no tuviste, seguramente también tienes historias y lecciones como las mías, en eso nos parecemos mucho.

18 may 2010

Y la rana salto...



Siempre he tenido miedos, los colecciono desde la infancia, tengo miedos razonables y sin razón; puedo acomodarlos y clasificarlos de formas variadas, hacer una base en excel sobre ellos: nombre, origen, años de insana convivencia; acomodarlos “como en una procesión” diría Benedetti.

Y haciendo esta clasificación de mis miedos el que más me puede y me hace ver mi suerte es la altura, no se de dónde vino, ni quién lo invito a habitar en mi mente, la cuestión es que me sudan las manos tan sólo de pensar en estar expuesta a la altura, me pone mal el saber que mis pies no se encuentran en el globo terráqueo, me siento al borde de la locura, del desmayo, del terror.

No soy una persona aventurera, arriesgada o aficionada a la adrenalina, soy más bien del tipo tranquilo, meditabundo y ensimismado, lo más osado en mi vida fue subirme a las tazas locas, que sólo giran y giran, ocasionándome en aquella ocasión una revoltura estomacal que salió en cuanto puse un pie en la tierra.

Pero como en película hollywodenses llego el día de enfrentarme a mi miedo. Una amiga muy querida, y arriesgada en la vida, decidió celebrar sus 30 años de feliz existencia saltando en paracaídas, fui convocada al llamado de amistad y festividad, he de mencionar que ella conoce bien este miedo mío y a sabiendas de ello y de forma considerada me dio 24 horas para pensar y decidir en saltar o únicamente verla saltar. Lo medite, lo consulte con la almohada y me dije: ¿Cuándo podré hacer esto nuevamente? Y francamente no se porque le temo tanto, así que decidí saltar en paracaídas no sin antes prometerme no pensar en ello hasta el día acordado.

La fecha llego, me levante muy temprano, llegamos al lugar, no saben las ganas que tenía de fumar, pero maldición lo deje hace casi un año; una cerveza no era la opción a tan temprana hora y con sólo un yogurt en el estomago, así que mordiéndome las uñas espere mi turno. Mi nombre fue voceado y me presentaron a Jorn, un tipo alemán guapísimo, que sería como bien lo dijo él “mi héroe de ese día” me dio el traje rosa ridículo para ponerme y las indicaciones para el momento del salto: “debes flexionarte en forma de plátano, subiremos 10,000 pies y tendremos una caída libre de 30 segundos a 200 km/h” – lo dijo como si cualquier cosa, como si el miedo que tenía confinado en lo más recóndito de mi cuerpo fuera de mínima importancia.

Subimos a la avioneta, que por cierto no tenía puerta, me dijo como colocarme para saltar y que él haría el resto, arranco la avioneta; el viento era más frío cada vez que remontábamos el vuelo, el ruido del motor ensordecía y Jorn me dijo: tenemos 20 minutos duérmete, acomodándose tranquilamente junto al piloto y el camarógrafo, qué????!!! ¿Crees que voy a dormirme con todo el miedo que he cargado?
Fueron 20 eternos minutos, ahí estaba, sola, a punto de lanzarme al vacío, claro en paracaídas, pero finalmente al vacío; me preguntaba sí dejar el cigarro fue bueno? Sí estaba en mis cabales al decidir saltar?, reclamándome por hacerme esto, no podía mirar hacía la puerta, así que cerré mis ojos y comencé ejercicios de respiración para tranquilizarme. Jorn miro al vacío consulto su altímetro y me dijo - es hora ven vamos a engancharnos- engancho mi arnés al suyo, me coloco los lentes, le dijo al piloto que un poco más al frente, de verdad quería gritar y decirle noooooo yo aquí me quedo con el piloto pero era demasiado tarde para ello, me dijo saca el pie, jalo mi cabeza hacia él y saltamos.
Es la sensación más horrible que he tenido, me sentí pesada, sentía mi cuello y mi garganta duras, demasiado duras, ahora se que me sentía así por que estaba de cabeza, veía la tierra, ¡¡¡mi planeta estaba allá abajo y sin mi!!!!, estaba tan asustada que no podía cerrar los ojos, Jorn comenzó a estabilizarnos y finalmente quedamos en horizontal, el viento me pegaba en la cara y seguía con la mirada fija en la tierra, me levanto el rostro para que pudieran tomarme fotos, olvide que contrate un camarógrafo para tener testimonio de que lo había hecho, movía mis brazos como alas para sentir el viento, me hizo mandar besos a la cámara; poco a poco fui saliendo del shock en el que había entrado, - ¿¿Buzz estamos volando?? No Woody estamos cayendo con estilo – es casi como volar, es una sensación de libertad inigualable, allá arriba la perspectiva cambia y no sólo en lo evidente, eres un ser sin cargas, sin nada que perder y todo por ver, por hacer, el arriba y abajo se confunde o por lo menos la línea divisoria es prácticamente imperceptible, eres libre, mortal y capaz de todo.
Jorn me dio la indicación de recoger mis brazos para abrir el paracaídas; con el paracaídas abierto es otro salto, planeando disfrutas mejor el panorama, Jorn daba vueltas, se detenía unos segundos y girábamos hacia el otro lado, planeaba un par de segundos y giro, así 10 veces. Me indico recoger los pies para aterrizar y bajarlos al llegar. Tiempo total: 4 minutos aproximadamente. ¿Creen en el destino, en las casualidades y en que todo esta mágicamente ligado? Yo si, bajando me abrace con Itzel muy emocionadas ambas y en la música de fondo estaba mi cantante favorito Gustavo Cerati con “Cosas imposibles”

Lo primero que te preguntan al aterrizar es si lo volverías a hacer y sin pensarlo dije que si, es de no mames, no puedo decir que mi vida cambio ese día, pero entendí que mis miedos son anclas que no me dejan atreverme, ¿por qué no hacer cosas?, ¿por qué no probar algo fuera de lo común?, ¿por qué decir siempre no? ¿por qué no sacar los monstruos del clóset, divertirte y reírte de ello?

Por supuesto me tome una cerveza, sentada con el sol pegando a todo en mi rostro, me felicite y me sonreí, tome un par de decisiones, UNO: como dice Cerati “quiero hacer cosas imposibles” practicar rappel por ejemplo, DOS: cuando cumpla cuarenta volveré a saltar.

Esta rana va conquistando sus miedos, a saltos, a gritos, a carcajadas, salten no se arrepentirán.

9 abr 2010

Miranda

13122009

Miranda es el nombre que soñé para ti muchos años atrás, mucho antes de saber cómo y cuándo llegarías; una tarde de octubre supe que ya estabas en camino, no se explicarte la mezcla de alegría y miedo que invadió mi ser, era un revoltijo extraño de emociones, pero no pude más que sonreír y sentirte cada día que estuviste dentro mío. Hice planes, te hice promesas, te conté historias y te dediqué canciones.

Te regalo la sal de mis historias
Te comparto mi fuerza y mi debilidad
Te muestro el cielo al que también llamamos gloria
Te regalo mi voz, mi libertad
Te regalo mis fotos preferidas
Te comparto mi humana condición
Te llevo más allá del limite y medida
Me convierto en tu amiga la mejor


Eso seríamos, mejores amigas, compañeras, siempre juntas contra todo pronóstico... pero la vida, Dios, el destino, no se quién y por qué razón decidió que la mañana del 19 de marzo tu corazón se detuviera llevándose el mío, aún recuerdo las palabras más duras que alguien me ha dicho: “lo siento pero su bebé ya no esta vivo”

Sin dudarlo un segundo hubiera dado mi vida a cambio de la tuya, hubiera dado lo que tengo y soy a cambio de verte sonreír, de verte correr...

Así comenzó este largo camino que ha sido abrir los ojos, recuperar mi fe y renacer, pero sobre todo de entender mi lección de vida y mi razón de existir.

Han sido días duros sin ti, pasajes laberínticos, partí sin rumbo, me perdí, salí huyendo de mi casa, de mi gente, de mi ciudad, esperando que el dolor y la soledad de apoco me desdibujaran, me consumieran hasta llegar a ti; pase largas noches sin sueño, largos días en cama, cigarrillos cortos consumiéndome y poca comida para acompañar, con los pies fríos de caminar en la oscuridad.

Me atacaron los “hubiera” los “supuestos”, me ataco la culpa, la desolación, el desahucio... y sin darme cuenta llegaron las respuestas, no las que quería escuchar, pero finalmente respuestas, comenzó el aprendizaje, el encuentro con mi alma, llegaron las personas y lugares correctos, llego la fuerza y el valor de seguir.

Miranda, hoy quiero que te sientas orgullosa de haberme elegido como tu madre, te doy las gracias por las 23 semanas que me regalaste, hoy se que sin ti, sin tu partida no sería quien soy.

Aprendí a quererme tal cual, a perdonarme, a respetarme, a escuchar mi corazón; que puedo caer más de una vez y la importancia radica en la forma de levantarme y no las razones por las que caigo, que sólo tengo aquí y ahora, a no coleccionar culpas, que el rencor y el odio ocupan demasiado espacio y son una carga inútil.

Hoy sonrío orgullosa al decirte que encontré mi alma y recupere la fe, que las lecciones nunca terminan, aprendí, desaprendí, reaprendí, me desprendí, me reinvento, sigo en el camino, sigo soñando, sigo viajando.

Siempre voy a extrañarte, ya no tengo miedo de vivir y tampoco de morir, se que nuestras almas algún día se encontrarán y finalmente te escucharé reír.

Gracias por enseñarme la lección más grande: el amor, hoy se que esa es nuestra misión más importante; nuestra obligación y derecho es ser felices.

“El fin de amar es sentirse más vivo”

Atte. Tu madre

5 abr 2010

INÚTIL TIMIDEZ

Romance, he leído tantas historias sobre él, estudios y análisis psicológicos, físicos y químicos, he visto todas las versiones en cine de boy meet girl –boy lost girl – boy recovers girl, siempre funciona; también los he vivido: largos, de un sólo encuentro, intensos, apasionados, inocentes y perversos, puedo sentarme a escribir horas sobre el tema, diseccionar a cada una de mis parejas en este escritorio, pero siempre tenemos una historia en particular que es difícil olvidar; no, la mía no es una historia apasionada, no es una historia de amor, pero es una buena historia sobre lo que no se debe hacer, o un gran despliegue de mi inútil timidez. Así que expondré este caso tratando de defenderla:

Era una mañana no de tantas, lo parecía, era aún muy temprano para saberlo. Hice mi ritual de todos los días laborales, baño, vestirme y arreglarme para ir a la oficina, se me hizo tarde, no recuerdo la razón, sí fue el tráfico o quedarme bajo la regadera pensando en algo; en esta ciudad nunca faltan las situaciones para llegar tarde y peor aún viajando en transporte público, salí del metro magullada, pisoteada y un poco despeinada por el tumulto de mujeres salvajes y desesperadas por no perder su bono de puntualidad, a mi en realidad me importa poco, no tengo esa prestación-amenaza, el tiempo que llego tarde debo reponerlo; pero tenía una reunión comenzando el día, así que corrí para tomar el autobús que me deja frente a la oficina. Subí, me toco de pie, pero no importa mi trayecto es de apenas unos 10 o 15 minutos, camine al fondo para bajarme fácilmente, el bus arranco... –han visto esa escena de boy meet girl y todo transcurre en slow motion y se miran sin perder detalle uno del otro, eso justo paso-, la hilera de personas tomadas del pasamanos, él de pronto se asomo y me encontró, me miró con un cierto interés, como si fuera alguien conocido, así que pensé que estaba viendo a alguien más, mire al otro lado y nadie parecía corresponder su mirada, así que lo mire de nuevo y sus ojos estaban clavados en mi, a lo cual pensé, “creo que es a mi”, una mujer me pregunto: “¿aquí da vuelta señorita?”, es en la siguiente calle, respondí, se levanto y se fue. Él me siguió mirando desde el otro extremo del bus, me puse tan nerviosa..., me senté, dos segundos después, la persona a lado mío se paro, nadie hizo el intento por ocupar el lugar, así que él ágilmente fue preguntando “va a sentarse?” le respondían no y lo dejaban pasar, hasta que llego y me dijo “me permites” lo deje pasar “gracias” “ de nada”... todos los colores y bochornos que debo tener en mi menopausia llegaron justo en ese momento, no dejaba de mirarme y yo buscando hormigas en el piso del bus.

Otra escena de película – me decía a mi misma, míralo, dile algo, sonríele, preguntale la hora, su nombre, ALGO!!! – pero mis dientes estaban tan pegados, como el día que me pusieron los braquets, y seguía buscando el valor de mirarlo en el piso del bus, y así llegue a la calle donde trabajo, me dije, puedo seguirme un par de calles más, pero la estúpida reunión, no, no puedo debo bajarme.

Me levante, toque el timbre, me baje y justo en la calle encontré el valor para mirarlo, no deje de hacerlo, el también lo hacía - nuevamente slow motion hasta que arranco el bus - y ahí me quede viendo al bus que se llevaba al chico con el que quizá pude tener una gran historia de amor, o un romance que contarle a mis nietos.

Mi corazón latía tan fuerte, como si tuviera 15 años, mi sonrisa era enorme, el día era perfecto, bajo el influjo de mi excitación púbera me propuse encontrarlo, pero ¿cómo?, ¿en dónde? Necesitaba una cómplice para ayudarme en esta travesía de buscarlo en los poco más de 20 millones de habitantes de esta ciudad, llame a Astrid y de inmediato acepto. Nuestra misión era sencilla, sí tiene la misma ruta a diario, que es la misma que tomo yo, esto sería pan comido, redacte un texto sobre nuestro mágico y misterioso encuentro, lo imprimí en hojas de colores, nos fuimos por todo Presidente Masarik, pegándolo en paradas de autobús, postes, cabinas telefónicas, anuncios publicitarios, sería cuestión de días volverlo a encontrar en ese bus. El texto es el siguiente:

BUSCÁNDOTE

Subí al autobús como todos los días de lunes a viernes, de pronto entre toda la gente tu mirada se encontró con la mía, inesperadamente el asiento junto a mi se desocupo, te abriste camino entre la gente para sentarte a mi lado. Vestías de traje, traías puesto tus audífonos - qué escucharás? – sacaste la corbata del bolsillo del saco, hiciste el nudo, me fije en tus manos, traías un anillo muy particular... me mirabas, percibí el olor de tu loción, mi corazón latía fuerte, parecía que en cualquier minuto preguntarías algo, cualquier cosa, la hora... yo, quería saber tu nombre. Mis emociones y la razón entraron en franca confusión chocando una con la otra, no me atreví a hablarte, abrí mi bolsa buscando algo, cualquier cosa, sentí tu mirada, mi bajada se aproximaba, calle Petrarca esquina con Masarik, es ahí donde se encuentra mi oficina, me levante del asiento, toque el timbre y seguí sintiendo tu mirada, así que voltee a mirarte también, no quería bajarme pero era tarde, así que al pisar la calle me quede inmóvil para seguir mirándonos, te sonreí no se si lo notaste, el autobús se alejo, llevándote a no se donde, seguí sonriendo y al cruzar la calle casi me atropellan.

Así que, aquí estoy buscándote todos los días a las 8:45 en la parada del autobús de Sevilla, para preguntarte tu nombre

Los días pasaron y pasaron... nunca más apareció... no lo encontré... así que creo no hay manera de defender a mi inútil timidez ...¡córtenle la cabeza!