22 jul 2010

Mala Mujer

Eso he sido, una mala mujer, no del tipo Femme Fatale, muy por el contrario, soy un mal ejemplo de femineidad, desde muy pequeña pensé que habitaba el cuerpo equivocado, que me habían jugado una broma pesada haciéndome mujer, no era lo que había pedido, en mi solicitud antes de llegar a esta vida, en el espacio de genero estaba segura había tachado con una cruz MASCULINO, pero alguien se equivoco en la captura y no había cambios, ni devoluciones, ni reseteos, llegue al mundo siendo niña.

Toda mi vida peleé y pataleé, quería ser niño!, como ya he dicho, más por una cuestión social que sexual; así que me juntaba con niños, me comportaba, vestía, hablaba, como niño, jamás me preocupe por mi apariencia, comportamiento o buenos modales, entrar en el mundo femenino no estaba en mis planes, menos tener amigas, reunirme con ellas para hacer sabrá Dios que cosa. Los hombres eran divertidos, buen sentido del sarcasmo, al menos los que conocía; siempre estaba rodeada de hombres, amigos, confidentes, hermanos, guardianes, compañeros de pedas y viajes al infinito y más allá; nunca me faltaron galanes, pero no fui la más noviera, siempre me identificaba con ellos, como pertenecer a una camada, a un clan, ser del club de Toby.

Pero la hora estaba marcada, en algún momento debía aceptarme como mujer, encontrar ese equilibrio entre lo que me hacía sentir bien de socializar con hombres y saber que no soy uno de ellos, encontrar esa esencia femenina que había escondido y negado la mayor parte de mi vida.

Pasados los 30 no sabía que hacer con el uniforme de piel femenina, ya no era una jovencita que escandalizaba a las madres de mis amigos al verme rodeada de ellos, asistiendo a fiestas, conciertos masivos, bailando slam, vestida con botas de casquillo y camisas a cuadros; ya no era esa chica jugando billar, fumando cigarrillo tras cigarrillo y bebiendo cerveza.

Pasados los 30 mi vida comenzó a girar de manera intempestiva e irracionalmente, no entendía cuales eran las reglas del juego, pero sabía que debía buscar ese equilibrio, entonces emprendí la misión más difícil de mi vida, aprender a ser mujer, ponerme al día con mi genero y reconciliarme tras años de imprecaciones.

Ser mujer es sumamente complicado, ahora tengo la firme creencia que durante la adolescencia o en algún punto de la vida van a una escuela como Hogwarts, donde les enseñan todas esas cosas que a mi me salen re’mal: maquillarse, peinarse, caminar con tacones, meter cientos de cosas en un bolso de 30 x 10 cm., combinar su ropa, elegir accesorios, conocer fragancias y perfumes, rituales de limpieza, depilación del área del bikini, usar tanga sin temor a rozaduras, bailar salsa, cumbia, merengue y pop mientras coquetean y se adjudican galanes.

No se que tan bien voy, pero he aquí mi reporte de aventuras e intentos por ser una mujer hecha y derecha:


Peinarme:

Nunca me ha gustado peinarme, antes mi cabello era increíblemente lacio, ahora ya no tanto, compre mas de dos accesorios que no tengo idea de cómo usar, secadora, plancha y rizador, con sus respectivos cepillos, los uso ocasionalmente porque siempre termino con dolor de cabeza de tanto jaloneo e intentos fallidos por conseguir un lindo peinado. Así que lo más rápido es usar un pasador y listo dos minutos frente al espejo y salgo de ese apuro.


Ropa:

La ropa es complicada, antes mis reglas de combinación eran dos: UNO, mezclilla y el negro combina con todo; DOS, las camisas a cuadros y playeras de grupos favoritos no necesitan combinarse. Ahora uso pantalón de vestir, por regla de etiqueta en la oficina, y debo encontrar la blusa que combine, así que he comprado cientos de blusas con cientos de pantalones que creo no combinan mucho unos con otros, pero me encantan las camisas y esas creo ya aprendí a combinarlas mejor, para ser honesta veo un poco las combinaciones masculinas de trajes con camisa y en ello me baso para combinar mi ropa.

Donde definitivamente paso, son con los vestidos y más aun los escotados, los escotes me incomodan, me siento expuesta y vulnerable, y me caga que algún wey pendejo me mire las bubis; y los hombres en general ven bubis y se ponen muuy pendejos, las faldas o vestidos cortos me incomodan, años de inactividad física me han dejado unas piernas demasiado delgadas, así que igual paso.

Zapatos:

No lo niego los zapatos de tacón son lindos, estilizan la figura femenina y algunos son elegantes, de hecho confieso que me enamore de unos zapatos con tacón del 8, si, aprendí que los tacones también tienen talla, el caso es que los compre hace como tres años y siguen guardados en su caja, no aprendo a caminar con ellos, los tacones son lindos y tortuosos. Así que uso zapatos que parecen más de niño, de piso y de punta cuadrada.

Maquillaje:

Parezco el Varón Ashler, pierdo el eje de simetría, la ceja nunca me queda igual de ambos lados; el delineador se corre, mis parpados sudan demasiado así que descarte las sombras, que dicho sea de paso nunca aprendí a usar, los labios tampoco quedan igual parecen corazón mal hecho. Mi solución es sólo maquillar mis pestañas y usar brillo labial, a veces un poco de maquillaje en polvo. Admiro a las mujeres en el transporte público, delineándose perfecto y sacando de una pequeña bolsa todo lo necesario para verse bien, me recuerdan el maletín de Sport Billy, a veces no se ni como se llama lo que usan, algunas quedan perfectas, otras parecen payaso maléfico proveniente del más allá.

A tropezones y otras tantas a tientas, intento integrarme a la dinámica femenina, a vestir el uniforme de mujer, aunque hay días creo, no lo merezco; ser mujer es sumamente complejo; increíblemente ahora han llegado a mi vida muchas amigas, de las cuales aprendo y me sorprendo, una parte de mi se reconoce en cada una de ellas, me identifico y las admiro profundamente: Archi Maricruz, Lorenza, Jannetita 32, Yayis cachichurris, Vianney, oiga usté Itzel, Elphaba Astrid, Karen Miguel, Diana con chinchina, San Lemus. Saben lo que las quiero; gracias por llegar a mi vida y hacerme entender que soy un ser privilegiado, por el café compartido, las sustancias ilegales, las bebidas alegres, los viajes, las comidas y abrirme las puertas de sus respectivos hogares.

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