7 dic 2011

Mi abuelo en navidad

El olor a leña quemada me recuerda a mi abuelo, mi abuelo envuelto en navidad, envuelto en su chamarra aborregada de cuadros, acompañado de su cigarro sin filtro y su café de olla con canela. La navidad de mi infancia está perfumada de sus fogatas a mitad del patio, nos sentaba a todos sus nietos, que no éramos muchos, a quemar bombones. Nunca fue un hombre de grandes conversaciones, pero su sabiduría radicaba en las breves palabras que acertadamente pronunciaba en el momento correcto.


Un día mientras leía sentada a la mesa, me levante un breve momento en busca de no sé que, regrese nuevamente a mi lectura, me miro y me dijo: nunca dejes un libro abierto sino vas a leerlo, es como dejar a un amigo hablando solo.

Si algo no te gusta, échales mirada de 30 30.

Ahora que eres universitaria debes ir a la marcha del 2 de octubre, si yo lo hubiera sido, siempre iría.

Que no te de miedo el martillo y el desarmador, aprende a usarlos, no dependas de nadie.

Mi abuelo enfermó, fue perdiendo la memoria, se convirtió en un hombre muy callado mirando televisión, mi abuelo murió. Ahora en mi vida adulta recuerdo sus aviones hechos a escala, sus papalotes que volaban alto, su curiosidad de cruzar cerros sólo para conocer el otro lado, su caja de herramientas, arreglando todo lo que se cruzaba a su paso, su jarro de barro, su gorra de beisbol. Sigo aplicando la mirada 30 30, nunca dejo un libro abierto, tengo mi propia caja de herramientas, durante mi vida escolar fui a todas las marchas del 2 de octubre.


No te olvido abuelo.