31 ago 2010

Una maldición


Hace tiempo sospecho que tengo una maldición, quizá un embrujo, un estigma familiar, quizá tropecé con un gato negro o aquella gitana hizo algo más que echarme las cartas. Quizá es biológico, no lo se, la cuestión es que tengo un impedimento para coquetear. Cada que lo intento, cada vez que estoy frente a alguien que me gusta: sonrío, pestañeo cual Clara Bella, meto la panza y saco la nalga; cuando de pronto veo abrirse el cielo, los Dioses ríen y envían algo, alguien, o ambas, para que mi recién valor femenino termine en el piso. Y ahí finalizan mis cinco gramos de feminidad.

Al principio creí que era mi imaginación, pero no, tengo hechos que lo avalan. Recuerdo la primera vez que sucedió: tenía 14 años, estaba haciendo tarea, algo me faltaba para terminar, salí a toda prisa a la papelería, porque era tarde, corrí, no desaforadamente, un trote normal. ¡De pronto... sabe Dios de dónde!, ¡apareció el niño que me gustaba! – años después me pareció horrendo- y me dice:

- No te vayas a caer
- No, claro que no – respondí

El cielo se abrió, una rama apareció y tropecé, patine de panza, se rompió mi blusa, y él se detuvo a ayudarme, pero no dejaba de reír; le agradecí y toda enrojecida seguí mi camino. Lo peor es que, esa era la primera vez que me hablaba.

La siguiente vez, iba a la preparatoria, era una escuela bastante grande y yo estaba en mi etapa rebelde y grungera: pantalón roto de mezclilla, playeras de grupos de rock, camisas a cuadros y botas de casquillo. Y había un niño de otro grupo, de esos holgazanes, que jamás entraban a clase, matudo, tatuado, onda Axel Rose, extrañamente le gustaba jugar básquet y la cancha quedaba justo a lado del edificio donde tomaba la mayoría de mis clases, entre clases acostumbrábamos sentarnos en una enorme jardinera, frente a las canchas y desde ahí babea por mi Axl región 4. Se aproximaba mi cumpleaños, y holgazaneaba en la ya conocida jardinera con mis amigos, estaba parada dentro de la jardinera y reía escandalosamente, como suelo hacerlo, él me miraba y me hacía señas de que me callara, ¡Oh por Dios! Que bien se veía con su camisa amarrada en la cintura, flaquitito, como me encantan; me sonreía y yo a él; como dije mi cumple se aproximaba y una amiga me dice:

- wey, ten tu regalo de cumpleaños – y me entrega un sobre pequeño
- qué es?

Lo abrí, eran dos boletos para el último concierto de Caifanes en el Palacio de los Deportes.

- AAAAHH!! – grite enloquecida, trate de salir de la jardinera para abrazarla y
agradecerle


Y justo ahí se abrió el cielo, otra vez, se atoro mi pie en la orilla de la jardinera y mi cuerpo ya estaba prácticamente afuera, caí de panza, toda la escuela escucho el golpe, jamás solté mis boletos, así que ni como evitar el panzazo, mi Axl dejo su interesantísimo juego para ir a levantarme: “estás bien”, mi amigo Luis me levantó y yo muerta de la pena, por supuesto Axl y sus amigos morían de risa, todos morían de risa, así que también me reí.

La siguiente vez estaba por terminar la prepa, Luis, mi mejor amigo, insistía en que debía tener novio: dime quién te gusta y te lo presento, verás como anda contigo; Axl por supuesto ya estaba descartado; recorrí con la vista los pasillos y lo encontré, había sido compañero mío en algún semestre, nunca le hablé, -ese greñudo me gusta-, Luis lo conocía y hasta su número de teléfono me dio. Mis amig@s se organizaron para presentármelo, le hablaban de mi, hacían lo imposible por juntarnos y dejarnos solos, así pasamos semanas; un día me arme de todo valor, entre sonrisas bobas le dije: Me gustas mucho y me gustas pa’l dueño oficial de mis tareas... y justo ahí se abrió el cielo de nuevo. Una paloma en pleno vuelo me lanzó su misil, ¡si!, se cago justo en mi cabello y él se cago de risa. Y no crean que ahí para todo, ¡no! Otra ocasión caminábamos juntos y un pinche tubo mal puesto y que por supuesto no vi, me hizo tropezar y caer, esta vez metí las manos y fue menos escandaloso, pero él se reía mucho y yo me dije: ¿Pos’que chingaos!, ¿estoy wey? ¿ciega? ¿atontejada? Bueno la historia no termina tan mal, él finalmente fue mi novio, tal como lo prometió Luis.

Siendo mayor, fui a festejar el cumpleaños de una amiga, en un antrillo, un grupo tocando buena música, todas bailando, y en la mesa de junto, un wey de no mal ver, nos observaba constantemente y mi amiga me dijo - wey te está viendo, hablale!- A lo que dije -¡NO!, sí te contará lo que me pasa cada vez que intento ligar-; mi amiga muy solidaria le hablo, me lo presentó junto al amigo que lo acompañaba, me quede con ellos en su mesa, uno se llamaba como mi penúltimo novio y el elegido como mi ultimo novio, (ja! qué cagado!); pasado un rato me invita a bailar, los dioses fueron benevolentes, al levantarme tropecé con una silla, pero mi elegido oportunamente me detuvo, caí en sus brazos y ahí me quede toda la velada.

La última vez; salí con un amigo que me gusta, por supuesto él no lo sabe, fuimos a una fiesta, todo bien, mi intención no era para nada ligármelo, pero he de aceptar que me pone nerviosa; estaba conversando con otros amigos y me dije, regreso con él, para no dejarlo solito y justo cuando di media vuelta, resbale, con gracia afortunadamente, él todo caballeroso, como siempre, me ayudo a levantarme; no me dio tanta pena, no se si porque lo conozco bien o porque ya me acostumbre.

No se sí: resignarme, hacerme una limpia karmika, ¿está maldición desaparecerá con un beso de verdadero amor? Llorar sola por los rincones, ir a clases de coqueteo sin caerse – ¿existirán? - o caerse primero y luego coquetear, coquetear y agarrarse bien de lo que sea, moverse y coquetear al mismo tiempo es peligroso, o yo no nací para coquetear.

No hay comentarios:

Publicar un comentario