31 ago 2010

Comida vegetariana y la estupidez en tanga

Hace un par de meses decidí ser vegetariana 99% (lo confieso, me gusta el pescado) y tengo como 15 años de no comer carne roja; pero quiero aprender algo más que preparar tortas de papa, chiles rellenos, champiñones en todas sus presentaciones; comencé una ardua búsqueda en la red, de un buen curso de cocina vegetariana; increíblemente hay muy pocos, encontré desde los súper clavados con el vegetarianismo, lleno de principios y valores a los que debes vivir apegado sin cuestionamiento, hasta los que quedaron en llamarme en cuanto se reuniera un grupo grande de personas interesadas en cocinar vegetariano.

Pero llegue a las personas indicadas: Oscar y Pavol. Por medio de Sukabumi (tierra de dicha) ofrecen talleres de cocina creativa vegetariana; y en verdad que son buenos chefs, he probado cosas deliciosas, he aprendido técnicas de cocina; como filetear o picar correctamente, uso de nuevos condimentos, la mezcla equilibrada entre lo dulce y lo salado, cantidades correctas de agua para cocción de alimentos, etc. Las clases son 100% prácticas.

Estoy tomando un segundo taller con ellos, como dije la clase es práctica, hay un chico que apoya con lavar trastos y limpiar la mesa, lo cual es de gran ayuda. Me encanta la dinámica que crearon, 10 personas cocinando juntas; aprendemos y al final compartimos la mesa y conversamos de ¿cómo llegaste al curso?, ¿qué haces?...etc.

El grupo anterior me gusto, muy cooperativo; pero el sábado que llegue, un poco tarde, entre en shock, y después se puso peor, la gente es tan extraña y a veces tan estúpida, que confunden a está pequeña rana.

Entro y lo primero que veo es una mujer de edad variada - cuerpo de 25 y cara de rayando los 50’s- todo operado por supuesto, la naturaleza no hace tanta tontería en un solo cuerpo, vestía pants y blusa deportiva sin mangas, y si me preguntan el color, no lo se, lo que recuerdo perfecto es su tanga rosa que asomaba entre su ropa. ¡¿Por qué?!¿Cualquier ocasión es buena para hacer notar que usas tanga? ¿Se vale tomar una clase cocina y presumir la tanga a las mujeres mortales y normales que no usamos tanga? ¿no hay una edad legal para dejar de usar tanga? Lo peor fue saber que tenemos el mismo nombre, junto con otra señora que vestía como clásica señora polanqueña. La edad de las mujeres del grupo – 10 en total- era variada, desde 14 años hasta 60 años, la mitad parecían mujeres de clase alta y la otra mitad, éramos de la clase que trabajamos por el puritito gusto de subsistir. He de confesar que hay días soy demasiado intolerante con la gente.

Comienza Pavol a explicar, qué cortar y cómo, la sopa era de chayote, así que “hay que pelar chayote”

Miss tanga dice: hay! lo intentaré! Alguna vez debo aprender a pelar una verdura, -sonrisa boba- ¿cómo se agarra esto?

Mrs. polanqueña dice: ¡Mi muchacha hace todo esto! Pero bueno, lo haré


¡Oseeeaaaaa! Gracias Señoras por hacernos el honor de aprender a pelar chayotes en la clase que eligieron tomar. Por cierto lo hicieron muuy mal, en su vida habían tocado un pelador. Su muchacha lo hace ¿Es suya porqué la compro? Hasta donde sé la esclavitud fue abolida y hoy es un delito.

Se sorprendían de todo, cuando alguien sabía pelar, cortar, picar, limpiar. Era como si estuvieran en una clase de supersimetría, y cuerdas, decían cosas tan exasperantes como:

¡No, cebolla yo no corto porque eso te hace llorar!
¡Y dónde se compran los cuchillos!
¿En el Palacio encuentro todo o en Cotsco?
¿Y el aceite de soya dónde lo consigo?
Güacala, ¿la comida tiene bacterias?

Y no crean que fueron las únicas joyas de la clase, otras de plano se sentaron, sólo miraban y luego preguntaban:

¿Cuántas cebollas picaron?¿Qué parte de al gusto es confusa?

¿Eso que le acaba de poner qué es? – Sentada a tres metros de la estufa está cabrón ver

Ya me perdí, ¿en que platillo vamos? – Perdida llevas más. Cuando ibas a la primaría preguntabas, ¿que sigue de la “A” maestra?

... y nada tiene carne, ¡increíble! – No wey! El nombre vegetariano es pa’hacernos pendejos todos, ahorita sacamos un filete para acompañar.


Miss tanga: ¡Estoy hablando con mi mami y está que no lo cree!, ¡yo en una clase de cocina! Está shockeada – Blackberry en mano.

Bendito, llego el momento de sentarnos a comer, y como maldición, tanga y polanqueña frente a mi, yo, flanqueada por Pavol y Oscar. Ambas cuchicheaban sobre la nacionalidad de Pavol, - ¡teniéndolo a menos de un metro!-, finalmente le preguntan:

- ¿De dónde eres?
- Eslovaquia
- ¿Y que se habla en el eslovaquia?
- Eslovaco
- Aaah! Yo creí que hablaban alemán
- No, hablamos eslovaco, fue un país ocupado por celtas. Pertenecemos a los países eslavos.

¡Hazme el chingado favor!, alemán en Eslovaquia, no soy una gran conocedora de cultura Europea, pero ¡alemán en Eslovaquia!, por Dios; yo le hubiera dicho a esté par de tontejas: hablamos de todo, religión, política, deportes, cocina, y lo hablamos en nuestro idioma natal eslovaco. Cuanta ignorancia en una mujer de tanga.

De ahí en adelante, la mitad de las mujeres -las de socialité- hicieron gala de sus caminos a la espiritualidad, reiki, yoga, constelaciones, bla, bla, bla. Miss tanga, en pose de “estoy rebuena”, el yoga es maravilloso. Todo era surrealista, mujeres con nariz operada, enjoyadas, bubi mega dura, hablando de encontrar equilibrio espiritual y salud. Si, seguro, se ve que el camino a aceptarse a si misma ha estado lleno de cirujanos y dietas.

Busque en mi bolsa desesperadamente un arma, ¡veneno! Pero no, ahora soy un ser de paz. Preferí conversar con Oscar y Pavol sobre mis dudas del taller anterior y su carrera de chefs. En cuanto termine, tome mi bolsa, amablemente sonreí y salí.

Ruego a Dios por un cacho más de tolerancia en mi próxima clase, y que la estupidez me haga lo que el viento a Juárez.

Una maldición


Hace tiempo sospecho que tengo una maldición, quizá un embrujo, un estigma familiar, quizá tropecé con un gato negro o aquella gitana hizo algo más que echarme las cartas. Quizá es biológico, no lo se, la cuestión es que tengo un impedimento para coquetear. Cada que lo intento, cada vez que estoy frente a alguien que me gusta: sonrío, pestañeo cual Clara Bella, meto la panza y saco la nalga; cuando de pronto veo abrirse el cielo, los Dioses ríen y envían algo, alguien, o ambas, para que mi recién valor femenino termine en el piso. Y ahí finalizan mis cinco gramos de feminidad.

Al principio creí que era mi imaginación, pero no, tengo hechos que lo avalan. Recuerdo la primera vez que sucedió: tenía 14 años, estaba haciendo tarea, algo me faltaba para terminar, salí a toda prisa a la papelería, porque era tarde, corrí, no desaforadamente, un trote normal. ¡De pronto... sabe Dios de dónde!, ¡apareció el niño que me gustaba! – años después me pareció horrendo- y me dice:

- No te vayas a caer
- No, claro que no – respondí

El cielo se abrió, una rama apareció y tropecé, patine de panza, se rompió mi blusa, y él se detuvo a ayudarme, pero no dejaba de reír; le agradecí y toda enrojecida seguí mi camino. Lo peor es que, esa era la primera vez que me hablaba.

La siguiente vez, iba a la preparatoria, era una escuela bastante grande y yo estaba en mi etapa rebelde y grungera: pantalón roto de mezclilla, playeras de grupos de rock, camisas a cuadros y botas de casquillo. Y había un niño de otro grupo, de esos holgazanes, que jamás entraban a clase, matudo, tatuado, onda Axel Rose, extrañamente le gustaba jugar básquet y la cancha quedaba justo a lado del edificio donde tomaba la mayoría de mis clases, entre clases acostumbrábamos sentarnos en una enorme jardinera, frente a las canchas y desde ahí babea por mi Axl región 4. Se aproximaba mi cumpleaños, y holgazaneaba en la ya conocida jardinera con mis amigos, estaba parada dentro de la jardinera y reía escandalosamente, como suelo hacerlo, él me miraba y me hacía señas de que me callara, ¡Oh por Dios! Que bien se veía con su camisa amarrada en la cintura, flaquitito, como me encantan; me sonreía y yo a él; como dije mi cumple se aproximaba y una amiga me dice:

- wey, ten tu regalo de cumpleaños – y me entrega un sobre pequeño
- qué es?

Lo abrí, eran dos boletos para el último concierto de Caifanes en el Palacio de los Deportes.

- AAAAHH!! – grite enloquecida, trate de salir de la jardinera para abrazarla y
agradecerle


Y justo ahí se abrió el cielo, otra vez, se atoro mi pie en la orilla de la jardinera y mi cuerpo ya estaba prácticamente afuera, caí de panza, toda la escuela escucho el golpe, jamás solté mis boletos, así que ni como evitar el panzazo, mi Axl dejo su interesantísimo juego para ir a levantarme: “estás bien”, mi amigo Luis me levantó y yo muerta de la pena, por supuesto Axl y sus amigos morían de risa, todos morían de risa, así que también me reí.

La siguiente vez estaba por terminar la prepa, Luis, mi mejor amigo, insistía en que debía tener novio: dime quién te gusta y te lo presento, verás como anda contigo; Axl por supuesto ya estaba descartado; recorrí con la vista los pasillos y lo encontré, había sido compañero mío en algún semestre, nunca le hablé, -ese greñudo me gusta-, Luis lo conocía y hasta su número de teléfono me dio. Mis amig@s se organizaron para presentármelo, le hablaban de mi, hacían lo imposible por juntarnos y dejarnos solos, así pasamos semanas; un día me arme de todo valor, entre sonrisas bobas le dije: Me gustas mucho y me gustas pa’l dueño oficial de mis tareas... y justo ahí se abrió el cielo de nuevo. Una paloma en pleno vuelo me lanzó su misil, ¡si!, se cago justo en mi cabello y él se cago de risa. Y no crean que ahí para todo, ¡no! Otra ocasión caminábamos juntos y un pinche tubo mal puesto y que por supuesto no vi, me hizo tropezar y caer, esta vez metí las manos y fue menos escandaloso, pero él se reía mucho y yo me dije: ¿Pos’que chingaos!, ¿estoy wey? ¿ciega? ¿atontejada? Bueno la historia no termina tan mal, él finalmente fue mi novio, tal como lo prometió Luis.

Siendo mayor, fui a festejar el cumpleaños de una amiga, en un antrillo, un grupo tocando buena música, todas bailando, y en la mesa de junto, un wey de no mal ver, nos observaba constantemente y mi amiga me dijo - wey te está viendo, hablale!- A lo que dije -¡NO!, sí te contará lo que me pasa cada vez que intento ligar-; mi amiga muy solidaria le hablo, me lo presentó junto al amigo que lo acompañaba, me quede con ellos en su mesa, uno se llamaba como mi penúltimo novio y el elegido como mi ultimo novio, (ja! qué cagado!); pasado un rato me invita a bailar, los dioses fueron benevolentes, al levantarme tropecé con una silla, pero mi elegido oportunamente me detuvo, caí en sus brazos y ahí me quede toda la velada.

La última vez; salí con un amigo que me gusta, por supuesto él no lo sabe, fuimos a una fiesta, todo bien, mi intención no era para nada ligármelo, pero he de aceptar que me pone nerviosa; estaba conversando con otros amigos y me dije, regreso con él, para no dejarlo solito y justo cuando di media vuelta, resbale, con gracia afortunadamente, él todo caballeroso, como siempre, me ayudo a levantarme; no me dio tanta pena, no se si porque lo conozco bien o porque ya me acostumbre.

No se sí: resignarme, hacerme una limpia karmika, ¿está maldición desaparecerá con un beso de verdadero amor? Llorar sola por los rincones, ir a clases de coqueteo sin caerse – ¿existirán? - o caerse primero y luego coquetear, coquetear y agarrarse bien de lo que sea, moverse y coquetear al mismo tiempo es peligroso, o yo no nací para coquetear.